12 de enero de 2019

Algas andaluzas que 'comen' CO2 como 26.000 árboles

Parece la solución perfecta a muchos problemas. 
Si las microalgas necesitan del CO2 para vivir, ¿por qué no usarlas para capturar las emisiones de este gas de efecto invernadero? Enchufadas directamente a los aliviaderos de una central eléctrica, las microalgas proliferan gracias el dióxido de carbono. El círculo se cierra con la obtención de biomasa vegetal para acuicultura, cosméticos, energía y hasta la alimentación humana.
Con apenas siete años de historia, pero sobre la base del conocimiento generado durante cuatro décadas en las universidades de España, la empresa española AlgaEnergy ha explorado todas las posibilidades que ofrecen las microalgas. Hay más de 60.000 estirpes, aunque son muchas menos las que se pueden aprovechar para su uso industrial. Al ser la base de la alimentación de los peces, pues se trata del primer elemento de la cadena trófica en el agua, su primera utilidad es obvia: la acuicultura.

Pero con algo de imaginación y mucho I+D, estas algas microscópicas también pueden servir como biofertilizantes en la agricultura. Algunas especies, como la Spirulina y la Chlorella, empiezan a formar parte de la composición de cremas y lociones corporales. Ricas en proteínas (incluyen todos los aminoácidos esenciales), vitaminas, lípidos, carbohidratos y carotenoides, también empiezan a colarse en la dieta en forma de pastillas o zumos.
Otra de sus grandes promesas, convertida en realidad en los laboratorios, es, mediante ingeniería genética, usarlas para obtener biocombustibles limpios e inagotables.
AlgaEnergy ya comercializa productos para la acuicultura, la agricultura, la cosmética y la nutrición. Pero su idea de lo que pueden hacer las microalgas va más allá. Hay que acelerar su crecimiento, y para ello qué mejor que darles una buena dosis de CO2. Como cualquier otro vegetal, estos organismos necesitan del dióxido de carbono para vivir. Así han convertido un problema, los altos niveles de este gas, en una solución.

29 de diciembre de 2018

Microplástico, palabra del año 2018

Microplástico, voz que designa los pequeños fragmentos de plástico que se han convertido en una de las principales amenazas para el medioambiente y para la salud de los seres humanos, ha sido elegida palabra del año 2018 por la Fundéu BBVA, según ha dado a conocer este sábado el organismo. El término, que no está recogido en el Diccionario de la Real Academia Española, se encuentraen 2.210 artículos publicados en EL PAÍS.

Esta es la sexta ocasión en la que la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia EFE y BBVA, designa su palabra del año de entre los términos destacados de la actualidad informativa y que tienen, además, interés desde el punto de vista lingüístico. Tras elegir escrache en 2013selfi en 2014refugiado en 2015populismo en 2016 y aporofobia en 2017, el equipo de la fundación ha optado por microplástico este año.
Son pequeños fragmentos de plástico —de cinco milímetros— que se fabricaron ya con ese tamaño para ser empleados en productos de limpieza e higiene o que se han fragmentado de un plástico mayor —de bolsas de la compra, de envases... durante su proceso de descomposición.
Su presencia en la arena de las playas, en los organismos de animales y personas, en la sal marina que tomamos y hasta en el agua que bebemos ha hecho saltar las alarmas y ha obligado a poner en marcha medidas para reducir el consumo de los plásticos de un solo uso, responsables en buena parte del problema.


Desde el punto de vista lingüístico, la Fundéu dedicó el 26 de octubre una de sus recomendaciones diarias a este término que considera bien formado a partir del elemento compositivo “micro” y el sustantivo “plástico”. En su recomendación, la fundación recordaba que, como sucede en general con las palabras formadas con elementos compositivos, estos se escriben unidos a la voz a la que acompañan, sin dejar en medio un espacio ni intercalar un guion (no micro plástico ni micro-plástico).  


El equipo de la fundación, compuesto por lingüistas y periodistas, dio a conocer hace unos días una lista con 12 candidatas, elegidas de entre las más de 250 palabras, términos y expresiones a las que ha dedicado alguna de sus recomendaciones de uso del idioma a lo largo de los últimos 12 meses. 
Entre las candidatas de este año había menos presencia de términos relacionados con la política (nacionalpopulismo) y más de los ámbitos medioambiental (descarbonización, hibridar y el propio microplástico) y social.                                                              Fuente: El País

13 de diciembre de 2018

Envases sostenibles

Una decisión complicada
Un estudio publicado recientemente por la Universidad de Boston destaca que, si bien el embalaje es un elemento indispensable para las ventas, con el tiempo los requerimientos se han volcado hacia alternativas más ecológicas.
Hoy en día los fabricantes de alimentos y los minoristas luchan tanto por un espacio en las góndolas de un supermercado, como por el reconocimiento de ofrecer productos sostenibles a los ojos del consumidor.
Uno de los temas clave de la iniciativa Save the Food es la importancia de proporcionar a los fabricantes un mayor acceso a la información sobre el tema de la sostenibilidad. Para tomar una decisión informada deben entender que toda la cadena de suministro debe ser tomada en cuenta, desde la logística hasta la vida útil del producto, todo lo cual tiene un impacto en la huella de carbono de una empresa.
La sostenibilidad puede ser comunicada a los consumidores a través de una certificación que les da la confianza en el valor del producto o la seguridad y esta calificación de producto sostenible se puede dividir en dos partes.
“La sostenibilidad ambiental y los negocios no siempre van de la mano, especialmente cuando se trata de envases de productos alimenticios. Mientras que hace años el empaquetado no resultaba problemático, hoy la creciente influencia de los consumidores y su opción por reciclar es un factor importante a la hora de elegir los envases.”
Una implica la sostenibilidad interna de los productos, mientras que la segunda se aplica a lo externo, es decir al envasado. El problema radica en que los envases de alimentos sostenibles son extremadamente complejos y tratan de atraer a los consumidores medioambientalmente responsables, que exigen productos de empresas alimentarias comprometidas con la sostenibilidad y lo ecológico, puede ser una espada de doble filo.
El embalaje es lo primero que los consumidores ven y puede influir en gran medida en su decisión de compra. En consecuencia, los fabricantes de alimentos y los minoristas se esfuerzan por conseguir este objetivo.
Difícil, pero no imposible
Lo ideal es encontrar el embalaje perfecto: que sea lo suficientemente llamativo como para que destaque, que mantenga un producto fresco por más tiempo, resulte muy ligero de peso y completamente biodegradable.
Los fabricantes de alimentos están siendo presionados por el público y las normativas, para reducir sus costos, ser sostenibles y al mismo tiempo alejarse de los envases de plástico, en un intento por ser más respetuosos con el Medio Ambiente.
Sin embargo, un estilo de embalaje basado en el cartón y que es completamente respetuoso medioambientalmente, no siempre atrae a los consumidores. Y, como estos envases generalmente tienden a ser más caros que sus contrapartes de plástico, los fabricantes acaban luchando entre su conciencia ecológica y sus costos.
Eso no quiere decir que no sea posible conseguir todo lo que el público pretende, simplemente que no es fácil congeniar todas las variables y lograr alimentos ecológicos, envasados sosteniblemente y que además sean fácilmente vendibles.

30 de noviembre de 2018

Realista e impactante campaña de Greenpeace

La impactante campaña de Greenpeace muestra a los animales marinos atragantados por pajitas de plástico.


El plástico sigue siendo uno de los principales temas de debate en estos últimos días. Existe una gran cantidad de plásticos no biodegradables que acaban en nuestros mares y océanos, lo que causa problemas para la fauna que habita en ellos. Por ello, Greenpeace Canadá ha lanzado una campaña impactante y contundente para seguir concienciando sobre este problema.


Con la ayuda de la agencia creativa Rethink y bajo el claim “No absorbas la vida de los océanos”, la ONG nos acerca a la fuerza destructiva que tiene el plástico desechable para la vida marina. Las imágenes muestran animales como aves, peces y tortugas asfixiándose con enormes pajitas de plástico atrapadas en sus bocas. Sarah King, Jefe de Campañas de Océanos y Plásticos de Greenpeace Canadá, explicó que el proyecto no está dirigido únicamente a pajitas de plástico, sino como “plástico desechable” en su conjunto.

“Las pajitas son una gran manera de comenzar la conversación, pero todo el plástico desechable, como tapas, tazas y envases, está alimentando la crisis de contaminación por plástico. Necesitamos ver a las empresas innovando más allá del plástico y reduciendo realmente sus enormes huellas plásticas en nuestro planeta azul”  dijo Sarah. Algunas marcas como McDonald’s, KFC y Starbucks han tomado iniciativas para solucionar este problema mediante la retirada de productos hechos de plástico de sus establecimientos en los próximos años.

23 de noviembre de 2018

23 de noviembre. Día Mundial en Defensa de los Bosques Autóctono

La importancia que tienen los bosques en el equilibrio de la Tierra fue el principal argumento en el que la Asamblea General de la ONU fundamentó su resolución del 21 de diciembre del 2012 para instituir la celebración del Día Internacional de los Bosques el 21 de marzo de cada año. 
Pero algo nuevo fue surgiendo entre los grupos y entidades, que añadieron a la declaración oficial de la ONU el interés e incluso la defensa no solo de los bosques en general, sino el de los bosques autóctonos. Y se buscó una fecha para establecer la celebración de este día, el 23 de noviembre, que en el 2018 cae en viernes; el Día Mundial de los Bosques Autóctonos.
En fechas próximas al 23 de noviembre se celebra el “Día Mundial de los Bosques Autóctonos”, una jornada festiva de defensa y reivindicación de los bosques y de su recuperación mediante especies autóctonas, muchas veces desplazadas por otras especies de árboles de crecimiento más rápido y mayor valor “comercial”.
En estos días los amantes de los árboles y de los bosques autóctonos nos dedicamos a reforestar con especies propias según la zona.  Es un pequeño paso para poner nuestro granito de arena para intentar mejorar el entorno y una buena ocasión para concienciar a nuestr@s hij@s de la importancia de los bosques.

24 de octubre de 2018

24 de octubre, Día Internacional Contra con el Cambio Climático

El planeta se está calentando debido principalmente a la actividad humana. Y lo más importante es que este calentamiento se está produciendo a una velocidad alarmante. Hace tres décadas que los científicos vienen alertando sobre los efectos el cambio climático. Sin embargo el resto de la Humanidad apenas está comenzando a procesar este mensaje.

El 24 de octubre se celebra el Día Internacional contra el Cambio Climático, con el objetivo de movilizar y sensibilizar a millones de personas de todo el mundo acerca de los efectos del cambio climático y el grave peligro que conlleva el calentamiento global.
El cambio climático es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo y supone una presión adicional para nuestras sociedades y el medio ambiente.
Según la Organización Meteorológica Mundial, la temperatura media mundial en 2017 fue superior en aproximadamente 0,46 °C a la media a largo plazo del período 1981-2010 (14,3 °C). Se confirma la tendencia alcista que confirma que 2016, 2017 y 2015 han sido, por ese orden, los tres años más calurosos desde que comenzaron los registros en 1880.
Desde pautas meteorológicas cambiantes, que amenazan la producción de alimentos, hasta el aumento del nivel del mar, que incrementa el riesgo de inundaciones catastróficas, los efectos del cambio climático son de alcance mundial y de una escala sin precedentes. Si no se toman medidas drásticas desde hoy, será más difícil y costoso adaptarse a estos efectos en el futuro.
¿CÓMO HEMOS LLEGADO HASTA AQUÍ?
El estilo de vida moderno depende del consumo de enormes cantidades de energía. El uso de la energía se ha duplicado en treinta años y se espera que se incremente un 60% para 2020. Y aunque hay alternativas limpias de generación de energía, la mayor proporción aún proviene de la quema de combustibles fósiles, como el carbón, petróleo o gas. Los combustibles fósiles generan grandes cantidades de Gases de Efecto Invernadero. (GEI).
Los gases de efecto invernadero (GEI) se producen de manera natural y son esenciales para la supervivencia de los seres humanos y de millones de otros seres vivos ya que, al impedir que parte del calor del sol se propague hacia el espacio, hacen la Tierra habitable.
Un siglo y medio de industrialización, junto con la tala de árboles y la utilización de ciertos métodos de cultivo, han incrementado las cantidades de gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera. A medida que la población, las economías y el nivel de vida crecen, también lo hace el nivel acumulado de emisiones de ese tipo de gases.
Debido a esta acumulación, la temperatura de la tierra, que no había cambiado mucho en 10.000 años, ha aumentado significativamente en estos últimos 150 años.
Si esta tendencia se mantiene, muchas especies, incluidos los humanos, no seremos capaces de adaptarnos lo suficientemente rápido como para evitar severas penurias.
¿ESTAMOS HACIENDO algo PARA SOLUCIONARLO?
Estas dos décadas ha mejorado la visión sobre los efectos del Cambio Climático, las ventajas de las energías sostenibles, ciudades sostenibles, coches eléctricos, etc. pero todavía hay mucho por hacer.
Los mayores problemas son de índole económico, puesto que las nuevas soluciones tocan grandes intereses que se resisten al cambio y hacen esfuerzos por negar las urgencias y pretenden mantener el sistema tal como está. No solo hablamos de las grandes corporaciones, sino también de países, aquellos que poseen bajo sus suelos y aguas enormes inventarios de combustibles fósiles y no quieren ponerles un candado de la noche a la mañana. Pero también se resisten los países que no tienen recursos suficientes para acometer los cambios que hacen falta.